La sorprendente verdad sobre los robots y la sostenibilidad

La nueva ola de fabricación ecológica

La sorprendente verdad sobre los robots y la sostenibilidad

Ya hace muchos años que la automatización y los robots han penetrado en la conciencia pública como un medio viable para aumentar la eficacia, ya sea para asumir tareas tediosas como cortar el césped o para intervenir cuando los trabajos suponen una auténtica amenaza para la vida humana, por ejemplo en la neutralización de bombas. En cuanto a la fabricación y a las fábricas, sin embargo, el paso de la automatización modular a la plena integración de robots complejos quizás no ha tenido el mismo nivel de aceptación inmediata. Una ventaja, a menudo ignorada, de la fabricación con robots es que mejora la sostenibilidad y la eficiencia energética. Pero esto está a punto de cambiar: como cada vez más compañías y pymes reconocen el valor que los robots pueden aportar para aumentar la productividad, reducir los costes y, ahora, ayudar a cumplir con los objetivos de sostenibilidad, la transición hacia la fabricación robótica se ha puesto ya en marcha.

La fabricación sostenible ha evolucionado a partir del concepto original de desarrollo sostenible, introducido en los años ochenta para abordar preocupaciones acerca del impacto medioambiental, el desarrollo económico, la globalización, las desigualdades y otros factores. El Lowell Center for Sustainable Production la define como «la creación de bienes y servicios mediante procesos y sistemas no contaminantes, con conservación de la energía y recursos naturales, económicamente viable, segura y saludable para los empleados, las comunidades y los consumidores, satisfactoria social y creativamente para todos los trabajadores» 1.

Sin duda, si los robots pudieran formar parte de la clave para conseguir un futuro de la fabricación más sostenible, deberíamos celebrarlo. Una gran parte del debate sigue girando en torno a si también son socialmente sostenibles y resulta interesante que los científicos del Massachusetts Institute of Technology (MIT) hayan estudiado la experiencia de las fábricas que están integrando robots, colaborando con un fabricante alemán de automóviles, BMW. Averiguaron que, de hecho, los equipos mixtos de robots y humanos eran aproximadamente un 85 por ciento más productivos que cualquiera de los dos por separado 2. Los robots pueden cambiar el panorama laboral, pero no hay que imaginarse que eso vaya a ser solo negativo: en realidad, es probable que invertir en robots mantenga la competitividad y la rentabilidad de las empresas en el mercado de la fabricación mundial.

Para las empresas que aún tienen pendiente realizar la inversión, la capacidad para reducir los residuos de producción y ahorrar energía podría ser justo el incentivo que necesitan. En este contexto, IDC prevé que el gasto mundial en robótica y servicios relacionados sea más del doble en 2020, y que crezca de 91 500 millones de dólares en 2016 a más de 188 000 millones de dólares en 2020 3. Por supuesto, una solución ideal para cualquier fabricante incluiría aumentar la eficacia energética y reducir las emisiones de carbono, pero sin sacrificar en el proceso la productividad y la rentabilidad. Hasta ahora, la mayoría de empresas sigue sin encontrar el punto óptimo entre ambos y se ha detectado que muchas soluciones de automatización han provocado un mayor consumo energético. Eso ya ha cambiado. La nueva generación de robots del mercado, que permite soluciones y procesos de fabricación plenamente integrados teniendo en cuenta los robots, está cambiando la situación.

Su velocidad aumenta la tasa de producción reduciendo el tiempo de inactividad. Pueden trabajar sin parar y llevar a cabo varias tareas en un ciclo. Pueden trabajar sin supervisión, a oscuras y en entornos sin calefacción: dos factores que por sí solos pueden traducirse en enormes ahorros de energía para los fabricantes. Tratamos de «programarnos» para apagar las luces, con niveles diversos de éxito, por supuesto, y se anima a la gente a que haga lo mismo en los espacios de fabricación, apagando los periféricos cuando no se utilizan. ¿La diferencia principal respecto a los robots? Que una vez programados, nunca se olvidan.

Porque los robots son precisos, reducen los restos o el exceso de material. Esto implica no solo una reducción del consumo y el desperdicio de energía, sino también de los residuos materiales. Al programar con precisión cuánto pegamento o cuánta pintura se necesita y luego repetir exactamente el mismo proceso de aplicación cada vez, se reduce el material utilizado y la cantidad de productos finales defectuosos o no aptos, si es que no se eliminan por completo. Al fin y al cabo, esto tiene un efecto colateral directo sobre la cantidad de artículos que acaban en la basura o que se devuelven después de la compra, un resultado final que es positivo para todos: el productor, el consumidor y el medio ambiente.

Para productos como los coches o los electrodomésticos, para los que se requieren piezas de recambio años después de que haya finalizado la producción del coche, los robots también pueden reducir el consumo energético. En la actualidad, muchos fabricantes del sector de la automoción están transfiriendo la producción de estas piezas de grandes líneas de producción, que en el pasado solo había que mantener para la producción masiva ocasional de un recambio específico, a una pequeña cantidad de robots que se pueden programar fácilmente para producir diversas piezas según las necesidades. Así, se elimina la necesidad de mantener procesos de producción a gran escala, lo que ahorra espacio, energía y consumo de material. El robot de brazo doble de Epson pertenece a esta nueva generación de robots capaces de completar dichas tareas. Manejan múltiples productos y se pueden activar y reprogramar de manera puntual como un sistema de producción de emergencia.

Cuando un producto llega al final de su uso, los robots vuelven a incorporarse al ciclo de vida de fabricación. No solo pueden reducir los residuos durante la fabricación, sino que también pueden ser de ayuda para el proceso de reciclaje después de su utilización. Gracias a un mayor reconocimiento de los componentes, los robots pueden ayudar a desmontar mercancías usadas para garantizar la reutilización o el reciclaje del mayor número de piezas posible. Si vamos a crear un proceso de producción verdaderamente sostenible, este enfoque circular es nuestra única solución, y a medida que los robots hagan su trabajo para ayudar a proteger los recursos del planeta, esperamos que su relación con los seres humanos sea más productiva y también colaborativa.

Además de los beneficios sociales para la mano de obra, está claro que los robots aportan a la fabricación una cantidad sorprendente de ventajas sostenibles. Desde acordarse de apagar las luces hasta reducir el exceso de material o los residuos durante la fabricación e incluso, en el final del ciclo de un producto, en el desmontaje. A medida que llegue más fabricación al mercado doméstico, podremos estar seguros de que las organizaciones seguirán apreciando más ventajas globalmente. Con el acortamiento de los canales de envío y distribución, reducir la huella medioambiental resulta cada vez más sencillo, lo que abre una era en la que los consumidores podrían llegar a esperar producir solo exactamente aquello que necesiten.

1.http://www.mdpi.com/2071-1050/4/2/154/htm
2.https://www.ft.com/content/6d5d609e-02e2-11e6-af1d-c47326021344
3.https://www.idc.com/getdoc.jsp?containerId=prUS42213817